Classroom Portraits
Durante diez años, entre 2005 y 2015, el fotógrafo inglés Julian Germain recorrió el mundo con una idea aparentemente sencilla: Retratar a niños y niñas dentro de sus aulas. El resultado es Classroom Portraits, un archivo monumental compuesto por más de 450 retratos escolares en más de 20 países, desde Inglaterra hasta Bangladesh, que hoy funciona como un registro tipológico global de la educación a comienzos del siglo XXI.


Germain coloca la cámara frente a los estudiantes, quietos en sus pupitres, inmersos en su entorno cotidiano. No hay gestos dramáticos ni escenas forzadas. La fuerza de las imágenes reside en lo que parece ordinario: La ropa con la que los alumnos van a la escuela, los objetos que los rodean, los muros decorados —o completamente vacíos— y los pequeños signos que revelan cómo cada sociedad se piensa a sí misma. Como señala el propio fotógrafo, la manera como los estudiantes se visten para ir a la escuela dice mucho de su contexto social, al igual que las imágenes, avisos o carteles en las paredes, pensados para informar, motivar o simplemente decorar.


A simple vista, todas las aulas se parecen. El modelo básico del salón de clases se repite casi idéntico en cualquier parte del mundo: Filas de pupitres, pizarras, mesas del profesor. Sin embargo, dentro de esa estructura común emerge una diversidad asombrosa. Hay cuadernos de Buzz Lightyear, estuches de Narnia, insignias de cannabis, símbolos religiosos, retratos de figuras políticas, revolucionarias o históricas, y logotipos de grandes corporaciones globales. La escuela aparece así como un espacio donde se impone el orden social, pero también donde se filtran deseos, influencias culturales y contradicciones.


Más allá del entorno, el verdadero centro del proyecto son las personas. Cada retrato insiste en una idea esencial: Cada estudiante es irrepetible. Aunque estén sentados de la misma forma, en el mismo tipo de aula, cada uno carga una historia propia y un futuro incierto. Germain lo expresa con crudeza y lucidez:
"Ante ellos se abre un número infinito de destinos posibles."


Entre estos niños y adolescentes habrá médicos, cocineros, peluqueros y fotógrafos. También, inevitablemente, futuros millonarios o celebridades, y, según la ley de las probabilidades, también criminales. Algunos quizá ya no estén vivos. Otros tal vez ya sean padres.


Las fotografías, como todo registro visual, remiten de inmediato al pasado. Pero en Classroom Portraits el futuro está siempre implícito. Cada imagen contiene una promesa y una incógnita. No documenta solo lo que la educación es, sino lo que podría llegar a producir.


En ese silencio contenido, Germain construye un retrato poderoso de la escuela como espacio estructurante: Un lugar donde se reflejan normas, aspiraciones e inequidades, pero también donde comienza, para cada individuo, la posibilidad —o la ausencia— de elegir su propio camino.

