Cuando la fotografía reveló el origen humano

Cuando la fotografía reveló el origen humano

Mucho antes de que Lennart Nilsson revolucionara la manera de entender la vida antes del nacimiento, su historia comenzó en un hospital de Estocolmo en 1952. Lo que después se convertiría en una de las series fotográficas más influyentes del siglo XX nació como una simple asignación periodística: Documentar el debate sobre el aborto en Suecia.

 

 

 

El hallazgo que lo cambió todo

En el hospital Sabbatsberg, Nilsson observó por primera vez un feto conservado en un frasco de formalina, usado con fines educativos. Ese momento lo describió como un “shock de información”, quizá porque él mismo estaba a punto de convertirse en padre. Allí comenzó su obsesión por entender, cómo se desarrolla la vida humana antes del nacimiento.

 

 

 

 

Su primer intento técnico fue casi artesanal: Fotografió un embrión de apenas 18 mm de largo, seis a siete semanas después de la fecundación. Colocó el espécimen en una placa de reloj con líquido, iluminándolo desde abajo con un proyector Leitz Monla para revelar los detalles mínimos: Hemisferios cerebrales, esbozos de la boca y la nariz, pequeños brazos y piernas. El proceso era tan delicado que incluso las vibraciones de los tranvías cercanos arruinaban las tomas.

 

 

 

 

A pesar de las dificultades, Nilsson y el editor Karl-Erik Hillgren trabajaron durante una semana para obtener una sola imagen nítida. Superficies improvisadas, arcilla para sostener el embrión y exposiciones de un minuto fueron parte del proceso. Aun así, el resultado ya presagiaba que aquello era algo más que un experimento.

 

 

 

 

Life Magazine

Cuando Nilsson viajó a Nueva York para documentar el nombramiento de Dag Hammarskjöld como Secretario General de las Naciones Unidas en 1953, aprovechó para mostrar sus imágenes embrionarias a los editores de Life. Una de ellas fue publicada ese mismo año. Sin embargo, él aún no contaba con la tecnología ni los contactos necesarios para desarrollar el proyecto que imaginaba.

Ese momento llegaría cinco años después.

 

 

 

 

Tras adquirir experiencia científica mientras realizaba un reportaje sobre la vida marina en la costa oeste de Suecia, Nilsson comenzó a trabajar seriamente en la documentación de la vida antes del nacimiento. Durante siete años colaboró con médicos y cinco hospitales de Estocolmo. Fotografió embriones y fetos provenientes de embarazos interrumpidos por motivos médicos, en una época en la cual este trabajo era éticamente permitido. La mayoría de las imágenes, contrario a lo que muchos pensaron, no fueron tomadas dentro del útero, sino en condiciones controladas fuera del cuerpo.

 

 

 

 

El origen de una obra fundamental

En 1960, algunas fotografías de Nilsson se exhibieron en Läkaren och livet (“El médico y la vida”), durante el 150º aniversario del Instituto Karolinska. Fue entonces cuando surgió la idea de crear una guía para padres. Cinco años después, en 1965, Life magazine publicó el reportaje Drama of Life Before Birth. El número se agotó en cuestión de días.

 

 

 

 

Ese mismo año, el 1 de octubre, apareció la primera edición del libro Ett barn blir till (A Child is Born). Traducido a más de 20 idiomas y publicado en múltiples ediciones, se convirtió en una referencia indispensable tanto para el público general como para la comunidad científica.

 

 

 

 

Un antes y después en la historia de la imagen

Las fotografías de Nilsson no solo documentaron la gestación; transformaron la manera de ver la vida. Mostraron detalles invisibles hasta entonces: El primer latido, los gestos del rostro, los dedos formándose bajo la piel translúcida. En una época sin ecografías avanzadas ni imágenes digitales, sus fotografías ampliaron el imaginario visual de lo humano.

 

 

 

 

Esta obra hizo posible algo extraordinario: Convertir un proceso oculto en un relato accesible, poético y universal.

Nilsson lo había anticipado en 1954:

“Un ser humano completamente ordinario— ¿puede haber tema más noble?”

 

 

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