Encierro y la invisibilidad de las mujeres
En Venezuela, el sistema judicial no solo castiga: También expone profundas desigualdades. En ese contexto, la fotógrafa Ana María Arévalo Gosen desarrolló Días Eternos, un proyecto que revela la realidad de mujeres encarceladas en condiciones que, en muchos casos, están fuera de la legalidad.

A partir de 2017, gracias al contacto con una organización no gubernamental, Arévalo Gosen logró ingresar a distintos centros de detención en el país. Allí documentó, siempre con el consentimiento de las mujeres, una realidad marcada por la sobrepoblación, la precariedad y la incertidumbre. Muchas de ellas no han sido juzgadas. De hecho, miles permanecen en prisión preventiva durante meses o incluso años, a pesar de que el sistema establece un límite teórico de 45 días.

Las condiciones dentro de estos centros son extremas. Espacios oscuros, sin acceso adecuado a alimentos, agua o atención médica. En algunos casos, ni siquiera existe una separación clara entre hombres y mujeres, o entre personas condenadas y quienes aún esperan juicio. Las celdas se convierten en lugares de desesperación donde la vida cotidiana se reduce a sobrevivir.

Pero el trabajo de Arévalo Gosen no se limita a denunciar. Su enfoque está en las personas. Más allá de los delitos —o de la ausencia de juicio—, sus imágenes buscan rescatar la humanidad de quienes han sido invisibilizadas por la sociedad. El proceso no comienza con la cámara, sino con la conversación: Escuchar, compartir, generar confianza. Solo entonces aparece la fotografía.

En Días Eternos, las imágenes muestran a mujeres que maternan entre rejas, que enferman sin tratamiento, que esperan sin saber cuándo saldrán. También revelan algo más profundo: Muchas de ellas provienen de contextos marcados por la pobreza extrema, la violencia estructural y la falta de oportunidades. Su historia no comienza en la cárcel. La prisión es, en muchos casos, una extensión de condiciones que ya existían antes.

El proyecto también pone en evidencia un sistema que afecta de manera desproporcionada a mujeres pobres, racializadas e indígenas. La criminalización no es uniforme: Responde a estructuras sociales que determinan quién termina siendo castigado y quién no.

Con el tiempo, Días Eternos se expandió más allá de Venezuela, abarcando otros países de América Latina donde las condiciones de encarcelamiento femenino presentan problemáticas similares.

Más que un documento, el trabajo de Ana María Arévalo Gosen es una confrontación directa con una realidad incómoda. Sus fotografías obligan a mirar aquello que suele permanecer fuera de cuadro: Las fallas del sistema, la desigualdad estructural y, sobre todo, las vidas que quedan atrapadas en medio de todo ello.

Porque en Días Eternos, el tiempo no se mide en días. Se vuelve incierto, suspendido, casi infinito.