Entre ficción y herencia
En la serie They Don’t Look Like Me (2022–presente), el fotógrafo Niccolò Rastrelli retrata a cosplayers de distintas partes del mundo que encarnan por completo a sus personajes favoritos provenientes del manga, el anime y los videojuegos.

Lejos de tratarse únicamente de disfraces, estas imágenes exploran algo más profundo: La construcción de identidad en una generación que encuentra en la ficción un espacio para definirse. Los personajes no son solo referencias culturales; son extensiones de quienes los interpretan.

El punto de partida conceptual del proyecto se inspira en los retratos que el fotógrafo John Olson realizó en los años 70, donde músicos aparecían junto a sus padres. Rastrelli retoma esa idea y la traslada al presente: Sus sujetos son fotografiados como si fueran las “estrellas” de sus propios universos, pero en compañía de sus familias.
Ahí es donde surge la tensión.

En cada imagen conviven dos mundos. Por un lado, el universo construido del cosplay: Elaborado, expresivo, cargado de referencias. Por otro, la presencia de padres o familiares que representan lo cotidiano, lo heredado, lo esperado. El contraste no es confrontativo, pero sí revelador.

Las fotografías funcionan como un espacio de diálogo entre generaciones. Hablan de la distancia —y a la vez del vínculo— entre quienes crecieron en contextos distintos, con códigos distintos, y que ahora comparten el mismo encuadre.

Lo que comienza como juego o entretenimiento se transforma en una herramienta de exploración personal. A través del cosplay, los sujetos experimentan con su identidad, prueban versiones de sí mismos y construyen nuevas formas de entender quiénes son.

En They Don’t Look Like Me, Rastrelli no documenta solo una subcultura. Registra un momento específico de nuestro tiempo: Uno en el que la identidad ya no es fija, sino algo que se construye, se prueba y se negocia constantemente entre lo que somos, lo que queremos ser y lo que otros esperan de nosotros.
