Las manos que sostienen la ciudad

Las manos que sostienen la ciudad

En Manos Benditas, la fotógrafa y directora Thalia Gochez dirige su mirada hacia quienes sostienen silenciosamente la vida cotidiana de las ciudades: Los vendedores ambulantes.

El proyecto retrata a trabajadores cuya labor no solo permite la subsistencia económica de miles de familias, sino que también mantiene vivas tradiciones, dinámicas y formas de comunidad que definen la identidad de los espacios urbanos.

 

 

 

 

Más allá del comercio informal, Gochez entiende a estos vendedores como parte esencial del tejido social. Son quienes ocupan esquinas, mercados y aceras, construyendo con su presencia una geografía humana que da ritmo y carácter a cada barrio.

El proyecto surge en un momento especialmente delicado. En distintos contextos, muchos vendedores ambulantes —independientemente de su estatus migratorio o ciudadanía— enfrentan persecución, perfilamiento racial y procesos de criminalización que reducen su existencia a cifras, regulaciones o debates políticos.

 

 

 

 

Frente a esa deshumanización, Manos Benditas propone una respuesta directa: Mirar a las personas.

A través del retrato, Gochez devuelve presencia e individualidad a quienes suelen ser invisibilizados o simplificados por discursos institucionales. Cada imagen pone el foco en los rostros y los gestos.

 

 

 

 

El título de la serie no es casual. Las manos aparecen como símbolo del trabajo, del esfuerzo repetido y de la capacidad de sostener no solo una economía, sino una cultura compartida. Son manos que cocinan, ensamblan, cargan, sirven y construyen.

En palabras de la autora, los vendedores ambulantes son “el corazón y el alma de cada ciudad”, una afirmación que resume la intención del proyecto: Reconocer que gran parte de la vitalidad urbana nace precisamente de estos trabajos frecuentemente precarizados.

 

 

 

 

Pero Manos Benditas no se limita al registro visual. El proyecto también funciona como una forma de apoyo concreto, colaborando con iniciativas de asistencia directa como el fondo para vendedores ambulantes impulsado por organizaciones comunitarias.

De esta manera, la fotografía deja de ser únicamente observación para convertirse en acción.

 

 

 


La serie se posiciona así como archivo y gesto político al mismo tiempo. Documentar también puede ser una forma de acompañar.

 

 

 

 

Detrás de cada carrito, cada puesto improvisado y cada jornada extensa, hay historias de resistencia, cuidado y dignidad que merecen ser vistas.

 

 

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