La fractura silenciosa del hogar

La fractura silenciosa del hogar

Desde 2008, el fotógrafo noruego Geir Moseid desarrolla Plucked, una serie que indaga en las tensiones ocultas del espacio doméstico. El hogar, tradicionalmente entendido como refugio, es también un escenario donde se manifiestan formas invisibles de daño, fracturas psicológicas y dinámicas sociales que rara vez salen a la luz.

 

 

 

 

A través entre fotografía documental y puesta en escena, Moseid observa cómo la vida urbana contemporánea produce alienación, distancias afectivas y mecanismos de segregación que se filtran hasta los rincones más íntimos de la vivienda. Lo doméstico ya no es solo el lugar donde se deposita el descanso; también es un territorio donde se condensa la incertidumbre y el desgaste emocional.

 

 

 

 

El hogar como refugio y amenaza

En Plucked, el espacio privado se sitúa en un límite ambiguo: Es simultáneamente seguro y perturbador. Las imágenes muestran habitaciones iluminadas con una calma que engaña. La superficie es serena, casi cotidiana, pero basta una mirada más detenida para que aparezcan señales de tensión: gestos contenidos, detalles fuera de lugar, objetos que parecen testigos mudos de algo que no termina de explicarse.

 

 

 

 

Vida y desgaste

Uno de los motivos recurrentes en la serie son las flores. Lejos de cumplir una función decorativa, operan como metáforas del ciclo vital: Crecimiento, plenitud, decadencia. Aparecen a veces marchitas, a veces demasiado vivas, pero siempre como recordatorios de la fragilidad del tiempo. En este sentido, las flores no solo acompañan la escena; la tensan, la contradicen, la desestabilizan.

 

 

 

 

Moseid introduce la idea de que la vida y la muerte coexisten en toda forma doméstica. Todo hogar es, al mismo tiempo, nacimiento y desgaste. Lo que florece eventualmente cae. Esta alusión temporal añade una capa más a la sensación de incomodidad que recorre la obra.

 

 

 

 

Lo más potente de Plucked es la forma como sus imágenes parecen sencillas, pero se abren como una grieta cuando se observan con mayor atención. Esa calma inicial es solo una puerta de entrada hacia un territorio cargado de disonancia. Nada es explícito y, precisamente por eso, todo es inquietante.

 

 

 

 

Moseid construye escenas que se sitúan entre la realidad y la interpretación, donde cada espectador reconcilia sus propios recuerdos domésticos con los silencios que la fotografía sugiere. La narrativa es deliberadamente ambigua, resistiendo cualquier explicación cerrada.

 

 

 

 

En última instancia, Plucked un estudio visual sobre la vulnerabilidad humana en el interior del hogar. Un recordatorio de que lo privado es un escenario tan complejo, conflictivo y revelador como cualquier calle, frontera o espacio público.

 

 

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