La poética del intento imposible
Entre 1995 y 1998, el fotógrafo estadounidense John Divola recorrió el extremo oriental del Morongo Valley, en el sur de California, documentando casas aisladas perdidas en el paisaje desértico. Era un territorio silencioso, casi suspendido, donde la arquitectura humana parecía existir en permanente tensión con la naturaleza. Pero algo inesperado comenzó a interrumpir esa contemplación: Perros que, de manera repentina, corrían tras su carro.

De esos encuentros nació Dogs Chasing My Car in the Desert, una serie tan simple en su método como poderosa en su significado.
Divola decidió llevar consigo una cámara de 35 mm con motor drive y película blanco y negro de alto grano. Cuando veía a un perro acercarse al carro, preenfocaba, ajustaba la exposición y, con una mano en el volante y la otra sosteniendo la cámara fuera de la ventana, disparaba una secuencia rápida de imágenes. A veces apenas unos fotogramas; otras, un rollo completo. En más de una ocasión, confiesa, no resistió la tentación de dar la vuelta para provocar una segunda persecución.

El resultado no es una documentación limpia ni controlada. Es una coreografía caótica: Cuerpos en movimiento, polvo, tensión, desenfoque y energía. La cámara no intenta dominar la escena, sino acompañarla.

Divola entiende este gesto como una metáfora abierta. Un perro persiguiendo un carro puede representar cultura frente a naturaleza, lo doméstico frente a lo salvaje, el amor frente al odio, la valentía frente a la torpeza. También puede leerse como una danza visceral entre dos velocidades, dos direcciones, dos impulsos que nunca llegan a encontrarse. El perro jamás alcanzará el carro. La cámara jamás capturará la realidad tal como es. Ambos persisten, sin embargo, en su intento.

Ahí reside la fuerza del proyecto: En la persistencia de un gesto destinado al fracaso.
Las fotografías buscan sostener la tensión. Cada imagen es un instante suspendido entre la persecución y la imposibilidad, entre el deseo y el límite. El perro corre con determinación absoluta; el fotógrafo dispara con conciencia de que nunca obtendrá una verdad definitiva.

Dogs Chasing My Car in the Desert no es solo una serie sobre animales y carros. Es una reflexión sobre el impulso humano de perseguir aquello que siempre se nos escapa: La imagen perfecta, la experiencia completa, la realidad absoluta. Como el perro, seguimos corriendo. Como la cámara, seguimos intentando capturar.
Y en ese intento, aunque sea inútil, se revela algo profundamente humano.
