Resistencia femenina y Skateboarding
En distintas partes del mundo, el skateboarding ha dejado de ser solo una subcultura urbana para convertirse en una herramienta de expresión, comunidad y resistencia. En el proyecto Shred the Patriarchy, la fotógrafa Chantal Pinzi documenta cómo mujeres de Marruecos, India y Etiopía utilizan el skate para desafiar estructuras patriarcales profundamente arraigadas.

La serie nace en Marruecos, donde practicar skate siendo mujer todavía implica enfrentar presión familiar, estigmatización y rechazo social. Aunque el país proyecta una imagen internacional de modernidad y reforma, muchas mujeres siguen encontrando barreras en ámbitos sociales, económicos, políticos y deportivos. El skateboarding no escapa a esa lógica. Para muchas familias y comunidades, simplemente “no es algo que una mujer deba hacer”.

Frente a esto, las protagonistas del proyecto transforman el acto de patinar en una forma de resistencia cotidiana. Desobedecen reglas no escritas y ocupan espacios que históricamente les han sido negados. En ese proceso, el skate deja de ser únicamente un deporte: Se convierte en una afirmación física de libertad.

La segunda parte del proyecto se desarrolla en India, uno de los países más poblados del mundo y, al mismo tiempo, uno de los contextos donde las desigualdades de género siguen marcando profundamente la vida diaria. Ahi, las skaters retratadas desafían normas sociales que afectan desde la infancia la vida de millones de mujeres: Discriminación, matrimonios arreglados, limitaciones económicas y restricciones sobre la movilidad y la autonomía personal.

A través del skateboarding, estas mujeres recuperan algo esencial: El derecho a ocupar el espacio público. Patinan en ciudades como Mumbai y Nueva Delhi, viajan solas, visten como quieren y construyen independencia económica y emocional. Gestos simples en apariencia, pero profundamente disruptivos dentro de contextos donde el comportamiento femenino continúa siendo vigilado y condicionado.

En zonas rurales como Janwaar, donde persisten dinámicas de desigualdad de casta, analfabetismo y pobreza, la existencia de un skatepark ha comenzado a transformar la vida de mujeres jóvenes. Allí emerge la figura de Asha Gond, considerada una de las pioneras del movimiento, quien encontró en el skateboarding una forma de escapar de la invisibilidad que afecta a muchas mujeres tribales en India.

El proyecto continúa en Etiopía, un país que todavía intenta reconstruirse tras años de conflicto. En Addis Ababa, grupos de mujeres se reúnen cada semana en el único skatepark de la ciudad para crear un espacio de comunidad. Allí, el colectivo Addis Girls Skaters impulsa un entorno en el cual las mujeres pueden expresarse libremente en una sociedad marcada por profundas desigualdades de género.

Una de las figuras más significativas es Burtekan, de 43 años, quien decidió comenzar a patinar junto a adolescentes, desafiando no solo las expectativas impuestas sobre las mujeres, sino también aquellas relacionadas con la edad. Su presencia amplía el alcance simbólico del proyecto: Nunca es demasiado tarde para redefinir el propio camino.

Visualmente, Shred the Patriarchy se aleja de la espectacularidad deportiva para enfocarse en algo más humano. Las imágenes muestran caídas, cicatrices, miradas directas y momentos de convivencia. La fotografía no busca romantizar la lucha, sino registrar cómo un gesto aparentemente simple —subirse a una tabla— puede convertirse en una herramienta política y emocional.

En todas estas historias aparece una idea común: Aprender a caer y volver a levantarse. El skateboarding funciona aquí como metáfora, pero también como práctica concreta de autonomía. Cada truco, cada recorrido y cada caída desafían un sistema que históricamente ha intentado limitar la libertad de las mujeres.
Porque en Shred the Patriarchy, patinar no es escapar de la realidad. Es enfrentarse a ella.
