Yvy Marãe’ỹ
Durante ocho años, el fotógrafo Mauricio Holc construyó una relación de cercanía con la comunidad Mbyá Guaraní Tekoa El Chapá, en Misiones, Argentina. De ese tiempo prolongado de convivencia, escucha y aprendizaje nace Yvy Marãe’ỹ, un proyecto fotográfico que acompaña desde la proximidad.

Para el pueblo Mbyá, el bosque es un templo. La naturaleza es creadora y sustento. La memoria, en cambio, no habita en archivos escritos, sino en la palabra hablada, transmitida de generación en generación. Historias, enseñanzas y conocimientos circulan como un aliento compartido que mantiene viva la continuidad de la comunidad. Su supervivencia depende precisamente de esa cadena ancestral que se transmite sin interrupción.

El trabajo de Holc se sostiene sobre una idea clara: Fotografiar desde una perspectiva disidente implica cuestionar las estructuras heredadas con las que tradicionalmente se ha representado a los pueblos originarios. En lugar de una mirada distante o antropológica, el proyecto apuesta por la proximidad. Ocho años de presencia constante, de caminar junto a la comunidad, de escuchar antes de fotografiar, de desmontar las formas coloniales de mirar.

Las imágenes surgen de momentos cotidianos: Conversaciones, recorridos por el bosque, silencios compartidos. Niños jugando sobre el río. Humo sagrado elevándose entre los árboles. Gestos simples que, reunidos, construyen una memoria colectiva que se entrelaza como una trenza y se transmite sin reservas.

El título del proyecto, Yvy Marãe’ỹ, puede traducirse como “la tierra sin mal”. En la cosmovisión Mbyá, esta idea no se refiere únicamente a un lugar físico, sino a una búsqueda espiritual y colectiva. En el presente, buscar esa tierra significa también resistir al borrado cultural, reclamar memoria, soberanía y el derecho a seguir habitando el territorio que sostiene la vida.

Las fotografías de Holc funcionan como fragmentos de una relación construida con el tiempo. En ellas, el acto fotográfico deja de ser una herramienta de explicación para convertirse en una forma de estar cerca.

En este proyecto, la imagen no se impone sobre la historia. La acompaña. Y recuerda que, a veces, el verdadero trabajo de la fotografía no consiste en interpretar el mundo, sino en aprender a permanecer en él.
